
El escribir no es cosa fácil, pero comenzar un escrito tiene una complejidad mayor, es como estar al borde del peñasco sin atreverse a saltar al precipicio, es como el pesado comienzo de la locomotora que empieza a mover los pesados vagones, el comienzo es como el sonido al destapar la primer cerveza de la noche. Lo único cierto en la escritura es que sabes donde vas a empezar, pero no sabes donde, ni cuando vas a terminar.
Y hasta aquí 120 palabras, para decir que no es sencillo el comenzar a manchar de tinta la alba hoja. (Son 120 palabras, confíen en mi, je)
Pero, ¿Será tan complicado?, no se le encuentra la complejidad a poner una letras tras otra, la escritura es casi como el habla dirían algunos. No se nos complica hilvanar una frase seguida de otra (bueno a algunos si) y nos podemos pasar las horas parlando, debatiendo, neceando, brincando de un tema a otro (como quien navega por los hyperlinks en Internet), arreglar y descomponer el mundo. El único detalle es que toda esa verborrea se la lleva el tiempo. La palabra dicha es efímera, la palabra escrita aparta su lugar en la eternidad.
La responsabilidad radica en la sinceridad con que escribamos, a fin de cuentas la escritura es un dialogo interior publicado, es un secreto que ocultamos en un aparador.
La responsabilidad no es usar las palabras más rimbombantes y complicadas que encontremos, no consiste solo en hilar, en forma graciosa un manojo de ideas burdas.La responsabilidad es el disfrutar escribiendo, es liberar la pluma y hacerla que se desplace, en forma natural y espontánea.
Actualmente con la propagación de los blogs, espacios y páginas personales, nos brindan a los internautas la fortuna de externar de alguna forma ideas e inquietudes, este fenómeno representa una revolución en la forma de comunicación humana, o al menos tiene cara de serlo. Pero el echo de que cualquier persona pueda acceder a lo que escribimos, le agrega un toque adicional de responsabilidad. No es lo mismo escribir una lista de groserías en un papel y tirarlo por la ventana, esperando que nadie lo lea, o que lo lea y no sepa quien le regalo esas palabras, es diferente escribir algo que tal vez (por gusto o coincidencia) lea algún internauta despistado, que sin conocernos, ni tener un punto de referencia de nosotros, sabe que somos un ínfimo brillo en el firmamento del ciberespacio.